martes, 6 de marzo de 2012

El lago por las noches

Me parece que he estado aquí, frente a este lago, un millón de veces: quizás desde el inicio de todos los tiempos. El agua oscurecida por la noche se desliza suavemente sobre la arena húmeda y aunque baña una gran extensión de tierra, pareciera que no se atreve a mojar las puntas de los dedos de mis pies si yo, en primer lugar, no le ofrezco una invitación a hacerlo cruzando la delgada línea de espacio que hay entre toda esa inmensa superficie de agua y mi minúsculo cuerpo. Este lago vive únicamente para mí, en mis sueños. Al momento de entregarme al misterioso mundo que es el subconsciente, se construye a partir de mis más recónditos recuerdos y se alimenta, de manera congruente, de la noche que mece mi cuerpo mientras duermo. Habrán días en los que presiento que finalmente cruzaré esa frontera y encontraré lo que hay para mí dentro del lado; pero, mi rostro en el espejo de las mañanas sólo refleja un gesto vacuo, sin ánimos de victoria. Habrán otros días en los que la lucha por no soñarle me produce la más desgarrante de las angustias y veo el lago, siento su aroma, aún sin cerrar los ojos. Los días se convierten en el amplio campo para resolver el arcetijo que me resguarda su encuentro y las noches, finalmente: un encuentro no fortuito. Hasta esta noche. Hasta esta noche que he resuelto con entera consciencia que este lago no es el mío, que esta agua y lo que ella guarda debajo de su denso manto no es para mí . El lago, a partir de mi resolución, se viste de un tono claro y deja de arrojarse hacia mí para arrojarse, naturalmente, a la costa. Esta noche es lo más cerca que he estado de descubrir lo que el lago guarda para mí: desde el horizonte y hacia el este de la costa, una imagen verdusca parecida a una versión desfigurada de mí mismo se deslizó rápidamente frente a mí hasta ser irreconocible en la distancia. Despierto por la mañana, veo el reflejo de mi rostro en el espejo y en el brillo de las órbitas de mis ojos leo como una impresión fugaz: Ese lago es mío, esas noches son mías, ese cuerpo es el mío y todo se reduce a una cuestión más sencilla: este tiempo todavía no me pertenece.

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