En el momento en que tomó consciencia de la nueva condición de su piel, Aludra maulló para anunciar su entrada. La pieza del baño era pequeña y se comunicaba con el jardín compartido del edificio por una pequeña ventana de marco blanco; a Aludra le gustaba entrar al baño cuando salía vapor por la ventana. Se secó los brazos con extrañeza. Formó una pinza con su dedo índice y pulgar y estiró su piel hasta una distancia imposible para la piel humana: al menos para la piel humana regular. Soltó y repitió el ejercicio un par de veces más. Se sentó desnuda sobre la taza del inodoro y pensó en lo que había hecho el día anterior. Se detuvo cuando Aludra maulló nuevamente. Se acercó intuitivamente al animal y formó la pinza con su mano derecha: estiró la piel de su brazo izquierdo lo más que pudo y envolvió a la gata con ella. Cerró los ojos. Aludra se movía sigilosamente envuelta en la piel de su dueña. Movía sus músculos con la misma agilidad de siempre, sus bigotes seguían siendo sensores altamente sensibles a cualquier fenómeno; su vista, impecable; su esqueleto, elegante.
Ahora, todo esto, también lo vivía ella: lo vivía a través de su piel. Después de un par de minutos, desenvolvió a Aludra y la colocó en el marco de la ventana. La gata volvió a ver hacia el jardín y saltó con ligereza. Se acostó sobre el suelo del baño y, como una corriente eléctrica, sintió el frío de la cerámica extenderse sobre el dorso de su cuerpo desnudo. Había sido Aludra: si, por tan solo un par de minutos, había sido su propia gata. Sonrió con intranquilidad. Ella siempre había querido ser más. Pensó: ¿Qué más podría ser? Pensó en el árbol que Aludra trepaba cuando decidía escapar de casa. Pensó en la torre de apartamentos en la que vivía. Pensó en un hombre y también pensó en una mujer. Todavía habían gotas de agua en sus muslos que ahora bajaban desde su cuerpo hasta el suelo: también quería ser esas gotas.
Aludra entró por la ventana y maulló nuevamente. Le miró fijamente a los ojos. Aludra también quería ser más. Acordaron una tregua sin palabras. Se acercó a la gata y la envolvió por completo con su piel: la ubicó en la boca de su estómago y el animal dejó de ser animal para ser un agregado de la mujer. Las dos hechas una sola salieron en forma de una mujer desnuda por la puerta del baño. Se dirigían a la ciudad.