Idéntica a su antagonista, la certeza también se extiende como un mar implacable que oprime el corazón del hombre que vive en ella. La idea aparece dento de su cabeza y se desliza, con seguridad, dentro de todo su ser. Bebe un sorbo de café, la sustancia baja por su garganta, mora en su estómago y reviste de fuerza su pensamiento.
—Estos son los días de lluvia, piensa para sí mismo. Aún cuando la estación de lluvia esté lejos del inicio que tuvo el año pasado: tengo la certeza que este es un día de lluvia. Tanta certidumbre no es buena para el espíritu del hombre. Estamos hechos necesariamente como una brecha: un vacío que existe entre la firmeza de dos porciones de tierra. La duda nos pertenece: es propia de nuestra naturaleza.
Juega con la taza de café entre sus manos y, enfocando la mirada en la ventana que encuadra su terraza, desdibuja el jardín; lo convierte en colores que oscilan entre verdes y chispazos de violeta, acentúa la vaguedad de la escena agregándole los olores de la mañana. El sol brilla caprichosamente sobre el jardín: para cualquier hombre ordinario, no existe posibilidades de lluvia.
—Los dioses le envidian al hombre su ignorancia. Ahí reside la esperanza. El hombre sin esperanza deja de ser hombre por que cierra la brecha. La llena de mar, de cielo, de viento: de algo infinito. La certeza sólo puede ser del hombre cuando es esporádica. Entonces, se convierte en revelación y la revelación, por su mismo carácter de fugaz, se convierte en esperanza. Esperanza de volver al todo en la parte y a la parte en todo. Calla la voz de su cabeza, enfoca la mirada en el cafe y bebe suavemente: Si no se tiene esperanza, se vive en la Nada.
Recoge sus manos sobre sus brazos y los lleva hasta los hombros: busca calor sobre su cuerpo. Deja la ventana, se acerca a un espejo, peina su cabello y se mira en la esquina de los ojos el brillo que otorga el horror de la certeza. Lo disimula al apartar la mirada. Recoge sus cosas y se dirige a la calle. Antes de cerrar la puerta de su casa, escucha el rumor de los cielos. Las nubes se estrujan y el sol se desvanece con premura. Empieza a llover y en el rostro del hombre no se logra descifrar cuales son lágrimas y cuales gotas de lluvia.
lo amo
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